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19 febrero, 2013

Lienzo semental.




[…] Y así fue que sucedió, el puñal atravesó lo que más amaba de él: su corazón.

¿Era más fácil atravesar su lienzo que su cuerpo? Ella que iba a saber lo que era fácil, si nunca fue entrenada para compartir los labios de quien alguna vez la beso; el baile en el cual se enamoro, al final resulto siendo una noche de brujas y ella no era ya una princesa disfrazada …

(Es que hasta yo hubiese clavado un cristal en su garganta, si mi nombre no es el ultimo que él pronuncia antes de dormir)

Como defensa solo puedo argumentar que ella lo amo, sí, con manos de papel que bajo su humedad se deshacen, lo amo condenando almas de infantes, tanto lo amo que podía correr detrás de la carroza que va vía al infierno; es que ella pensaba que muriendo con él sería la única manera de convertirlo en el compañero de sus noches …

Maldito sea el amor que él le juro, puesto que supo bien llevarla a su propia perdición … Y así, mientras lo besaba, ella sangraba en la herida de su mentira -sabia por intuición que ya no había mejor salida- y creía su propio engaño … y creaba su propio paisaje solitario … y él, Horacio, no era más que un semental ordinario.

¿Que podía yo hacer, si ella ya no creía en razones? La bella Monica su alma había cegado, había olvidado que hasta su hijo la estaba esperando; pero es que, él la hizo inmortal en sus paginas, adornando su desnudez con vinos finos y terciopelos escondidos.

Juntos firmaron su condena con el aroma de las sabanas … (A él le fascinaba adornar la piel de Monica, aun sabiendo que nunca seria su amada … Ella amaba ser inmortal, amaba amarle, y empiezo a creer que amaba ser la que sobraba).

-Y bueno, como puedo yo juzgarle ¿Quien no desea que sus caderas sean la musa del mejor de los escritores?

… Y ella estaba ahí, de nuevo, viendo caer la camisa de su amado entre sus brazos y así mismo callando el dolor de verlo ahogado pronunciado en nombre de otra (aquella quien en verdad robo su vida)...
Sin embargo, estaba ahí, con sus rodillas temblando bajo las manos de él, y una copa de vino que se convirtió en gotas de sudor; ella volvía a ser la puta de otro cuento muerto, la mejor mentira de Horacio, creyendo ser la única dueña del amor de un caballero sin repudio.

Aunque el cuarto estaba lleno de lienzos y oleos, sabia bien que su amado había sido la mejor obra de arte delineada por sus manos de papel, su nombre de color azul sobre su pecho, odiando no poder ser amada por completo…
...Y así fue que sucedió, el puñal atravesó lo que más amaba de él: su corazón.

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