[…] Y así fue que sucedió, el puñal
atravesó lo que más amaba de él: su corazón.
¿Era más fácil atravesar su lienzo
que su cuerpo? Ella que iba a saber lo que era fácil, si nunca fue
entrenada para compartir los labios de quien alguna vez la beso; el
baile en el cual se enamoro, al final resulto siendo una noche de
brujas y ella no era ya una princesa disfrazada …
(Es que hasta yo hubiese clavado un
cristal en su garganta, si mi nombre no es el ultimo que él
pronuncia antes de dormir)
Como defensa solo puedo argumentar que
ella lo amo, sí, con manos de papel que bajo su humedad se deshacen,
lo amo condenando almas de infantes, tanto lo amo que podía correr
detrás de la carroza que va vía al infierno; es que ella pensaba
que muriendo con él sería la única manera de convertirlo en el
compañero de sus noches …
Maldito sea el amor que él le juro,
puesto que supo bien llevarla a su propia perdición … Y así,
mientras lo besaba, ella sangraba en la herida de su mentira -sabia
por intuición que ya no había mejor salida- y creía su propio
engaño … y creaba su propio paisaje solitario … y él, Horacio,
no era más que un semental ordinario.
¿Que podía yo hacer, si ella ya no
creía en razones? La bella Monica su alma había cegado, había
olvidado que hasta su hijo la estaba esperando; pero es que, él la
hizo inmortal en sus paginas, adornando su desnudez con vinos finos y
terciopelos escondidos.
Juntos firmaron su condena con el aroma
de las sabanas … (A él le fascinaba adornar la piel de Monica, aun
sabiendo que nunca seria su amada … Ella amaba ser inmortal, amaba
amarle, y empiezo a creer que amaba ser la que sobraba).
-Y bueno, como puedo yo juzgarle ¿Quien
no desea que sus caderas sean la musa del mejor de los escritores?
… Y ella estaba ahí, de nuevo,
viendo caer la camisa de su amado entre sus brazos y así mismo
callando el dolor de verlo ahogado pronunciado en nombre de otra
(aquella quien en verdad robo su vida)...
Sin embargo, estaba ahí, con sus
rodillas temblando bajo las manos de él, y una copa de vino que se
convirtió en gotas de sudor; ella volvía a ser la puta de otro
cuento muerto, la mejor mentira de Horacio, creyendo ser la única
dueña del amor de un caballero sin repudio.
Aunque el cuarto estaba lleno de
lienzos y oleos, sabia bien que su amado había sido la mejor obra de
arte delineada por sus manos de papel, su nombre de color azul sobre
su pecho, odiando no poder ser amada por completo…
...Y así fue que sucedió, el puñal
atravesó lo que más amaba de él: su corazón.

Buen Blog :)
ResponderEliminarsaludos..