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21 marzo, 2013

Amante, el diablo.

Dicen que no se puede amar a dos hombres pero ella su vida por ambos daba, era la mujer de corazón dividido por dos caminos, cada uno alejado por kilómetros y confundido por falta de besos, como una maldición perdida de cariño.

Era una bruja solitaria que un nuevo hechizo siempre buscaba, era la mujer que nadie esperaba, la típica loca que nadie amaba por ermitaña. Sin embargo dos demonios en su hueco infernal con palabras dividieron su amor, en complicidad... dos demonios que optaron por no brindar explicación y con brusquedad silenciosa de manera pretenciosa, rasgaron la piel apasionada de Anastacia.

(Hasta el nombre resultaba repugnante, como si la condena de ser juzgada la hubieran planeado desde su crianza, solo era una maldita bruja mal arreglada, sin el don de la palabra adecuada).

Aun así, la bruja sin malicia su amor ocultista a dos demonios ha entregado con mucha prisa. Con su piel rasguñada de una pasión desenfrenada, delirando confundida por un amor, se obliga a tomar, lógicamente una decisión. No podía tener más de un amante, mucho menos si ese es infernal, pero ni siquiera sus vestiduras ha guardado, su espiritismo la ha cegado.

Como si de un ritual 'satánico' se tratara, sus senos al aire quedaron para marcar con una espalda el nombre del demonio que junto a su vida se quedaría. Sin cautela ha vendido su alma el menos peor postor por su lecho solitario. Bastaba con un poco de apio y aniz más dos gotas de su sangre enamorada para concluir su unión incoherente.

-Una vez más, un 'amor' sin mucha lógica se roba la historia, y esta no es inmune a mi letra-.

Como era de suponer, Anastacia no ha decidido a quien querer; agarrando cuchillo en mano al diablo ha llamado, suplicando por la vida de sus amos que sin piedad su corazón han escudriñado y desgarrado, hasta sus tripas han enamorado.
Era más fácil darle su vida a dos fantasías, de igual forma habría penado en eternidad con su alma medio vacía.

Ahora la facilidad de encontrar a Anastacia es posible en las noches de Abril, que después de todo, en eternidad se encuentra arrepintiendo por amar con el alma a dos demonios que no rezaron por su llanto a un supuesto dios omnipotente, y su partida en suicidio no valoraron.

10 marzo, 2013

Domingo.

... La diferencia de tal domingo era notoria; no era como cualquier otro, este, por el contrario, era más frío y sollozo; con más recuerdos y nostalgias.
Ella no era inmune a ello, pues estaba ahí sentada, buscándole para reír como era de costumbre, para alimentar su masoquismo extrañando sus labios aun sin saber si él hallaba importancia.

Resulta que tal domingo sucedió más corto que otros, con menos horas para soñar y escribir, y a él parecía no importarle, ya hace 6 días que había dejado de quererla. (Muchas veces me pregunto si alguna vez la quiso, o solo fue el típico refugio a su soledad).

No era un domingo cualquiera, ya que ella no sonrió como niña enamorada, ya sus fuerzas se habían esfumado en la madrugada. Aun así, como de costumbre, prefiere mentirse leyendo libros de caballeros y princesas, como si el sentimiento entre ellos dos fuera el de La Maga y Horacio Oliveira.
Ella lo quería  -no lo puedo negar-, aun conociendo sus usuales y frías mentiras, aun sabiendo que aquel beso donde su alma entrego, para él fue un eufemismo.

¡Para nada era un domingo común! Porque sin predeterminar, como por inercia, ella sentada le seguía esperando, como la voz que la resucita y luego deja morir con su partida.

-¡Que espera más absurda!-le reproché- Él ya se fue a refugiar en un mejor y más cálido pecho; él, quien dijo quererla por más de diez años, ya se rindió, ya murió. No se porque, pero ni yo logro entender aquel apego de mujer a un hombre que nunca nada le prometió  ni siquiera yo llego a tal discernimiento  aun siendo su alter ego, su otro reflejo ...
... Pero de ella ni una sola palabra sale; quizá sean las incoherencias que rodean su desorganizada cabeza las cuales no le dejan escribir ... O solo la resignación silenciosa se apoderó de su garganta.

Sea como sea, fue ahí, con aquella tonta, que pude descubrir la decepción... Con una mirada débil y aun así penetrante, una mirada como cuando los ángeles lloran sin reprochar los pecados de la humanidad, donde se les acaban las fuerzas para condenar.

Es fácil darse cuenta que todo ha concluido en un domingo que no es como cualquier otro, porque sin entregarse sabía que su piel ya lo aborrecía y sus pies cansados estaban por correr detrás de él.
El hombre que su corazón había engrapado ya se iba, como huyendo de algo que lo aterraba, sin una palabra se limita a caminar buscando una puesta de sol.

Y no, él nunca la quiso; es sencillo suponerlo por palabras repetidas que también obsequiaba a forasteros. Sus propias manos se habían reducido a ser paños que secan la humedad de sus ojos; él tenia siempre un "mejor" horizonte, siempre prefería ahogarse solo, sin testigos, sin reproches. No la quería  solo la necesitaba en finitas ocasiones para espantar sus fuertes ganas de llorar, la necesitaba pues bien sabia que a su ego ayudaba cuando lo había sentir indispensable para alguien, para ella...

(No es una historia completa, solo no es un domingo cualquiera; tampoco mueren los protagonistas, solo muere el motivo que los juntó en septiembre -lo recuerdo bien-. Es una historia común, sin propósito alguno; una historia de señoritas, de mujeres olvidadas, de divorciadas desesperadas, una historia repetida en ella...).

Al desarmar su alma, rendida a la espera de una voz que se supone la complementa(ba), se fue caminando mientras retumbaban sus oídos de música aun no inventada, refugiada en aquel rincón que nadie conoce, aquel lugar único que la hace invencible e inmortal.

Solo espero que quede la constancia, amiga mía, de mi advertencia a su ilusión romanticona. Muy bien le recordé que de un cabello desaliñado y desordenadas ideas nadie se enamoraría, no por lo menos alguien que sea real.
¿Quien iba a querer incondicionalmente a alguien que no planea lo que quiere, y se aferra a lo que no tiene? Él no la quería; no hay quien quiera a una niña que ensucia hojas con garabatos de tinta, no hay quien sueñe con una voz que no sabe cantar y solo prefiere pronunciar a poetas que nadie ya recuerda.

Por esto no era un domingo como cualquiera, era uno diferente... por lo menos para mi, aunque ella se encargo en hacerlo común, como cualquier otro... ella creyéndose ciega e inocente vuelve mojada por la lluvia para sentarse esperando un cariño que ya sabe bien que es en vano.

27 febrero, 2013

Espectro Frances.

Era París, la excéntrica y más hermosa, París en el 1928, la de orgías, coñac y champagne; la de avenidas lluviosas y amores de calle...

Y precisamente fue ahí, en medio de una calle sin luz donde apareció la chica de rizos dorados y, extrañamente, ojos negros tal como una laguna en noche nublada. - ¡Pobre muchacha tonta! - Pensó él- de hecho fue lo único que podía procesar su mente al verle caminar descalza, ebria, tan extravagante paseando en la madrugada por el Pont Neuf.

Es fácil amar de madrugada, donde la soledad ataca despiadada, como alimentándose de lagrimas amargas y risas irónicas; entonces ¿por qué seria Jean Pierre indiferente a esta situación? La chica de rizos era el reflejo de una diosa desterrada y deprimida, entregada a las ostentosas recepciones parisinas; y aun así, no tenia valor ya que en horas solo le quedaba vagar por las calles oscuras, como buscando el final del recorrido.

Así, sin más preámbulo, sin salir una sola palabra de la boca de este poeta olvidado; se acercó a la vulnerabilidad de la vagabunda que le enamoro con la sutileza de sus caderas aquella madrugada; robando sus rizos dorados entre sus manos, espantando sus penas con sus labios ...

- Mujer de piernas largas, pésimo acento francés  apariencia Pampa, ojos profundos, pies delgados (pues caminó descalza), mujer de tantos secretos y aun así, esa noche nada tenia importancia ... Era el perfecto amor que se encuentra en Francia-.

Sin devolver la mirada, Jean Pierre estaba ahí, atado a los labios de una suculenta desconocida con pies de marfil, ahogando todo remordimiento en prendas de mujer.
Tomándole por la cintura y sin desprender sus labios un solo momento, la llevo a un lugar donde todo recurso de poderío estaría agotado, donde simplemente él estaría a sus pies. (Es París, cualquier sitio cómodo es un nido ideal).

Con desespero y ansiedad, el poeta olvidado hizo de la rubia mujer su victima. -¡Que el diablo este entre nosotros! -Gritó- Procediendo a besar sus hombros desnudos por su vestido ajado,
Sin planearlo era ahora él la victima de su antojos, de una piel hecha de chanel, de los gemidos de tal mujer, de una piel que transpiraba y olía a tabaco importado.
Se hacia fácil enredarse con su cabello, puesto que era rizado; tan dorado que la luna se encargaba de hacerlo brillar ...
Jugando con su mano por la espalda de ella, jugaba como una araña que sube y baja, así fue como la vagabunda inocente de París sopló la nuca de su amante de turno, entregándole aquello que iba a dejar de ser.

Sus piernas que parecían de seda le envolvieron como tijeras, haciendo añicos el gran hombre que aparentaba ser, convirtiéndolo en un vil esclavo de su pronta humedad. Y allí se acerca la caricia que implosiona, la que destruye complejos y parametros, la que une a dos extraños.
Sin noción, él con su barba exploró todos los secretos de una mujer desgraciada, enseñándole que era la vida sin miedo a morir en tal instante. Descendiendo, murmurando, delirando fue como regaló al vientre de su hermosa amante un cosquilleo; donde, como mujer, no queda más que explotar como lo hace una Supernova. Su vida se acababa, él, solo él supo amarla sin aun escucharle hablar. Le regaló poesía transcrita en su pecho, le regaló un motivo para irse en paz.

Entonces, llega el alba ...

Ella no esta, mas que sus zapatillas sin usar; como una sombra que con luz se espanta... como papiros, como champagne en el anden, todo perdido.

Y él esta con palabras atragantadas, como cuando el primer amor se va; sin embargo, sin importar de que sea un espectro de su imaginación, la hizo inmortal tachando con tinta en una pálida hoja el nombre de una desconocida.





Esto es Paris, la de avenidas lluviosas, la de amores de calle, la ciudad autora de pasiones que madrugan. Aquella ciudad donde cualquier amante se condena en callejones; París del 1928 es la ciudad donde probablemente su mujer de rizos dorados se encuentra bailando con Gardel.

19 febrero, 2013

Lienzo semental.




[…] Y así fue que sucedió, el puñal atravesó lo que más amaba de él: su corazón.

¿Era más fácil atravesar su lienzo que su cuerpo? Ella que iba a saber lo que era fácil, si nunca fue entrenada para compartir los labios de quien alguna vez la beso; el baile en el cual se enamoro, al final resulto siendo una noche de brujas y ella no era ya una princesa disfrazada …

(Es que hasta yo hubiese clavado un cristal en su garganta, si mi nombre no es el ultimo que él pronuncia antes de dormir)

Como defensa solo puedo argumentar que ella lo amo, sí, con manos de papel que bajo su humedad se deshacen, lo amo condenando almas de infantes, tanto lo amo que podía correr detrás de la carroza que va vía al infierno; es que ella pensaba que muriendo con él sería la única manera de convertirlo en el compañero de sus noches …

Maldito sea el amor que él le juro, puesto que supo bien llevarla a su propia perdición … Y así, mientras lo besaba, ella sangraba en la herida de su mentira -sabia por intuición que ya no había mejor salida- y creía su propio engaño … y creaba su propio paisaje solitario … y él, Horacio, no era más que un semental ordinario.

¿Que podía yo hacer, si ella ya no creía en razones? La bella Monica su alma había cegado, había olvidado que hasta su hijo la estaba esperando; pero es que, él la hizo inmortal en sus paginas, adornando su desnudez con vinos finos y terciopelos escondidos.

Juntos firmaron su condena con el aroma de las sabanas … (A él le fascinaba adornar la piel de Monica, aun sabiendo que nunca seria su amada … Ella amaba ser inmortal, amaba amarle, y empiezo a creer que amaba ser la que sobraba).

-Y bueno, como puedo yo juzgarle ¿Quien no desea que sus caderas sean la musa del mejor de los escritores?

… Y ella estaba ahí, de nuevo, viendo caer la camisa de su amado entre sus brazos y así mismo callando el dolor de verlo ahogado pronunciado en nombre de otra (aquella quien en verdad robo su vida)...
Sin embargo, estaba ahí, con sus rodillas temblando bajo las manos de él, y una copa de vino que se convirtió en gotas de sudor; ella volvía a ser la puta de otro cuento muerto, la mejor mentira de Horacio, creyendo ser la única dueña del amor de un caballero sin repudio.

Aunque el cuarto estaba lleno de lienzos y oleos, sabia bien que su amado había sido la mejor obra de arte delineada por sus manos de papel, su nombre de color azul sobre su pecho, odiando no poder ser amada por completo…
...Y así fue que sucedió, el puñal atravesó lo que más amaba de él: su corazón.